Veintisiete jóvenes que representan a seis naciones de la Iglesia del Nazareno de la Región Mesoamérica unieron sus talentos para fortalecer la plantación de iglesias en Playa Leona, Panamá. Llevaron a cabo un trabajo de compasión en Puerto Caimito y El Progreso; y llevaron el mensaje de salvación a la región costera a través de un evento integral de Máxima Misión.
Del 25 al 29 de abril de 2026, la ciudad de Panamá fue el centro de un intenso movimiento de fe y servicio coordinado por el Ministerio de Movilización Misionera del Área Central, y apoyado por La Causa, un movimiento global de la Iglesia del Nazareno.
En Playa Leona, el objetivo principal fue fortalecer una iglesia tipo misión (una congregación que un distrito reconoce oficialmente; pero aún no está organizada completamente, Manual 100.1). Las actividades incluyeron proporcionar atención a los niños en centros educativos. y mejorar la infraestructura pintando dos aulas y la cocina de la escuela.
En Puerto Caimito, el alcance se expandió para incluir días de limpieza de playas y campañas de concientización ambiental, evangelismo puerta a puerta y proyecciones de la Película JESÚS. Además, se llevó a cabo un taller especializado para mujeres sobre belleza integral y cuidado personal.
El trabajo también se extendió al área El Progreso a través del centro de desarrollo infantil (CDI), donde se llevaron a cabo talleres de higiene bucal, junto con la distribución de kits donados por Equipos de Misiones Nazarenas. Las actividades deportivas también sirvieron como un puente hacia el mensaje, con un torneo de voleibol seguido de una reflexión en las Escrituras.
Como parte de la agenda programada, un evento de evangelismo urbano se llevó a cabo el domingo a lo largo de la Cinta Costera. Aproximadamente, 50 personas participaron en este evento, que incluyó una dramatización del mensaje de salvación y un tiempo de adoración.
La movilización produjo resultados concretos en las vidas de los panameños, registrando un total de 37 decisiones para Cristo: 17 en El Progreso, 13 en Puerto Caimito, 5 en la Cinta Costera y 2 en Playa Leona.
Para Jael Morles, una participante en la misión, la experiencia marcó un punto de inflexión:
«Llegué sin saber qué esperar… Me voy cambiada», dijo Morales. «La Causa de Cristo no fue un evento. Fue un antes y un después. Dios usó cada abrazo, cada oración y cada madrugada agotadora para recordarme que servir es amar en acción».
Melisa Muñoz, una miembro del en el departamento de comunicaciones, destacó la unidad lograda:
«Esta misión me recordó que Dios está escondido en los detalles: en la alegría de compartir, en el tiempo que dedicas, en la sonrisa de un niño. Al final, la misión me dio el mayor regalo: una familia».
El trabajo llevado a cabo continuará bajo el liderazgo del pastor de la iglesia en Puerto Caimito y el pastor a cargo de la misión en Playa Leona. Harán un seguimiento de los nuevos convertidos y contactos establecidos en las comunidades.
