Tras el poderoso terremoto de Mindanao, Filipinas, las congregaciones locales de la Iglesia del Nazareno en General Santos y T’boli se convirtieron en lugares de consuelo, cuidado y esperanza para las familias cuyas vidas se vieron repentinamente sacudidas.
El terremoto afectó a más de 100 familias conectadas con el ministerio de guardería de la Iglesia del Nazareno de General Santos. Muchas viviendas fueron dañadas o destruidas, dejando a las familias sin electricidad y con dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.
Para los padres, la preocupación urgente fue simple pero grande: cómo proveer comida para sus hijos mientras intentan recuperarse del desastre. Como parte de la respuesta de la iglesia ante el terremoto, se distribuyeron paquetes de comida a 100 familias afectadas.
Los niños también se vieron profundamente afectados por el desastre. Muchos experimentaron miedo y ansiedad debido al fuerte terremoto y las continuas réplicas. Algunos niños también perdieron útiles escolares y pertenencias personales; porque el terremoto ocurrió durante el comienzo del año escolar.
Para ayudarlos a recuperarse, la iglesia organizó tres días de actividades para niños. Más de 100 niños recibieron atención, útiles escolares y bienes esenciales. También se unieron a sesiones de reflexión, y a actividades de apoyo emocional diseñadas para ayudarlos a sentirse seguros nuevamente, expresar sus sentimientos y recuperar poco a poco una sensación de normalidad en sus vidas.
El terremoto también causó graves daños en la Iglesia del Nazareno de T’boli – Lub y la casa del pastor Joel Sangid y su familia. La casa pastoral sufrió considerables grietas en el piso; y un pilar dañado en los cimientos generó preocupaciones de seguridad. El edificio de la iglesia, aún en construcción, también sufrió daños estructurales y estuvo en riesgo de colapsar.
El Equipo de Respuesta proporcionó atención en el refugio y ayudó a reconstruir el centro de culto de la comunidad tribal, beneficiando a alrededor de 120 personas de la comunidad.
Para las familias afectadas, el apoyo se extendió más allá de los artículos de primera necesidad y reparaciones. Fue un recordatorio de que no estaban solos.
En medio del miedo, la pérdida y la incertidumbre, la iglesia permaneció al lado de la comunidad: alimentando a las familias, cuidando a los niños, apoyando a los pastores y ayudando a reconstruir lugares de adoración y esperanza.
La Región Asia-Pacífico solicita que se siga orando por:
- Consuelo y fuerza para las familias que se vieron afectadas por esta calamidad.
- El Equipo de Respuesta a Desastres mientras continúa ayudando y sirviendo a las comunidades afectadas.
- Oportunidades para que la iglesia local comparta el amor de Jesús, siendo sus manos y sus pies al servir y ministrar a las comunidades.
