El siguiente es un testimonio de Enas, una nazarena originaria de Siria, compartiendo cómo su fe creció a través de los tiempos difíciles.
Enas siempre se había llamado a sí misma cristiana; pero, en verdad, no albergaba nada de fe en su corazón. Era una cristiana sin compromiso: celebraba las festividades, asistía al servicio ocasionalmente; pero las preguntas siempre seguían ahí.
«¿Por qué permitiría Dios el dolor?» «¿Por qué la fe parece tan ciega?»
Ningún sermón o Escritura le dio paz. Ella dudaba profundamente, en silencio y frecuentemente. Incluso en las conversaciones con los creyentes, ella seguía sin estar convencida. «Quiero creer», decía, «pero nada de esto tiene sentido».
Luego vino la guerra en Siria en 2011.
En una tarde caótica, en medio de las explosiones y el miedo, Enas se separó de su hija de tres años. El pánico se apoderó de ella. Durante horas, buscó y llamó; pero la niña no estaba en ningún lugar. Cada momento se sintió como una eternidad; y el miedo la oprimía a su alrededor, como una cuerda.
Desesperada e indefensa, se encontraba en medio de una calle asolada por la guerra. El cielo, arriba, estaba oscuro por el humo; y su corazón estaba aún más oscuro. Por primera vez, Enas levantó su rostro a los cielos y gritó, no de duda, sino de agonía: «¡Jesús, si eres real; trae a mi hija, por favor!»
Ni siquiera pasaron cinco minutos cuando sonó su teléfono. Era un pariente de casa. «Ella está aquí», dijeron sin aliento. «Ella acaba de entrar. Está a salvo».
Asombrada, Enas regresó. Cuando abrió la puerta y vio a su niña de pie ilesa, rompió a llorar. Luego, vinieron las palabras que sacudieron su alma: «Mamá, alguien tomó mi mano y me trajo a casa. Creo que… fue Jesús».
Todo lo que Enas había dudado, cada pregunta que había hecho, de repente se desvaneció a la luz de ese instante. Lo sabía en ese momento: Él la había escuchado. Era real. Y le respondió.
Desde ese día, la vida de Enas cambió completamente. Entregó su corazón completamente a Cristo; y se convirtió en una miembro activo de la BNC (Iglesia del Nazareno Beirut). Estudió la Palabra de Dios con hambre, oró con sinceridad y se convirtió en una testigo para muchos.
Sus preguntas que alguna vez fueron frías se transformaron en una pasión ardiente. Su vida, una vez guiada por la duda, ahora estaba iluminada por la fe. Cuenta su historia con audacia, no como alguien que siempre había creído, sino como alguien que buscó, que cuestionó y que finalmente conoció a Jesús en una calle devastada por la guerra… Y nunca volvió a ser la misma.
Iglesia del Nazareno Región Eurasia.
