En qué creemos

Nazarenos

Esenciales

Explica por qué existe la Iglesia del Nazareno como un movimiento mundial de Santidad y de la Gran Comisión en la tradición Arminiano-Wesleyana.

Un SEÑOR

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Una FE

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Un BAUTISMO

Toda organización que perdura en el tiempo debe su longevidad a una combinación profundamente compartida de propósito, creencias y valores. Así ocurre con la Iglesia del Nazareno. Ella existe para predicar, enseñar y modelar la santidad de corazón y de vida como el núcleo misional de su vocación de hacer discípulos semejantes a Cristo en las naciones. Nuestro presente y nuestro futuro como denominación dependen de nuestra fiel participación en la misión de Dios y de nuestra aceptación de la vocación distintiva que Dios nos ha dado, una entre muchas denominaciones cristianas.

Declaración de Misión

La misión de la Iglesia del Nazareno es Hacer Discípulos semejantes a Cristo en las naciones.

Somos una iglesia de la Gran Comisión. Como comunidad global de fe, SE NOS HA ENCOMENDADO LLEVAR LAS BUENAS NUEVAS DE VIDA EN CRISTO JESÚS A LAS PERSONAS DE TODAS PARTES
y difundir el mensaje de la santidad bíblica por todo el mundo.

LA IGLESIA DEL NAZARENO UNE A PERSONAS que han hecho de Jesucristo el señor de sus vidas, compartiendo la comunión cristiana, y buscando fortalecerse mutuamente en el desarrollo de la fe a través de la adoración, la predicación, la formación y el servicio a los demás.

Nos esforzamos por expresar la compasión de Jesucristo a todas las personas, junto con nuestro compromiso personal de vivir a imagen y semejanza de Cristo. Aunque el motivo principal es glorificar a Dios, TAMBIÉN ESTAMOS LLAMADOS A PARTICIPARA ACTIVAMENTE EN SU MISIÓN – RECONCILIAR AL MUNDO CON ÉL.

La declaración de misión contiene los elementos históricos fundamentales de nuestra misión: EVANGELISMO, SANTIFICACIÓN, DISCIPULADO, COMPASIÓN. La esencia de la santidad es la semejanza con Cristo. Los nazarenos se están convirtiendo en un pueblo enviado a los hogares, a los lugares de trabajo, a las comunidades y aldeas, así como a otras ciudades y países. Los Misioneros son enviados desde todas las regiones del mundo. DIOS CONTINÚA LLAMANDO A GENTE ORDINARIA PARA HACER COSAS EXTRAORDINARIAS gracias a la persona del Espíritu Santo.

Declaración de Creencias

Somos una iglesia de la Gran Comisión. Como comunidad global de fe, SE NOS HA ENCOMENDADO LLEVAR LAS BUENAS NUEVAS DE VIDA EN CRISTO JESÚS A LAS PERSONAS DE TODAS PARTES
y difundir el mensaje de la santidad bíblica por todo el mundo.

CREEMOS

en un Dios—el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.

CREEMOS

que las escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, dadas por plena inspiración, contienen toda la verdad necesaria para la vida y la fe cristiana

CREEMOS

que los seres humanos nacen con una naturaleza caída y, por lo tanto, tienen una inclinación hacia el mal, y esto de forma constante.

CREEMOS

que los que no se arrepienten están perdidos de forma irremediable y eterna.

CREEMOS

que la expiación por medio de Jesucristo es para toda la raza humana; y que todo aquel que se arrepienta y crea en el Señor Jesucristo es justificado, regenerado y salvado del dominio del pecado.

CREEMOS

que los creyentes deben ser enteramente santificados tras la regeneración, mediante la fe en el Señor Jesucristo.

CREEMOS

que el Espíritu Santo da testimonio del nuevo nacimiento así como de la entera santificación de los creyentes.

CREEMOS

que nuestro Señor regresará, los muertos resucitarán, y se llevará a cabo el juicio final.

Valores Medulares

Nuestros Valores Medulares constituyen la esencia de nuestra identidad, respaldan la visión de nuestra denominación y ayudan a dar forma a nuestra cultura.

DOCUMENTO DE VALORES MEDULARES
UN PUEBLO CRISTIANO

Como miembros de la Iglesia Universal, nos unimos a los verdaderos creyentes en la proclamación del Señorío de Jesucristo y en la afirmación de los credos y creencias trinitarios históricos de la fe cristiana. Valoramos nuestra herencia wesleyana de santidad y creemos que es una forma de entender la fe que es fiel a las Escrituras, la razón, la tradición y la experiencia.

Estamos unidos a todos los creyentes en la proclamación del señorío de Jesucristo. Creemos que, en su amor divino, Dios ofrece a todas las personas el perdón de los pecados y la restauración de la relación con Él. Al reconciliarnos con Dios, creemos que también debemos reconciliarnos unos con otros, amándonos como Dios nos ha amado y perdonándonos unos a otros como Dios nos ha perdonado. Creemos que nuestra vida en comunidad es para ejemplificar el carácter de Cristo. Consideramos a las Escrituras como la fuente principal de la verdad espiritual, confirmada por la razón, la tradición y la experiencia.

Jesucristo es el Señor de la Iglesia, la cual, como nos dice el Credo de Nicea, es una santa, universal y apostólica. En Jesucristo y por medio del Espíritu Santo, Dios Padre ofrece el perdón de los pecados y la reconciliación a todo el mundo. Quienes responden con fe a la oferta de Dios se convierten en el pueblo de Dios. Habiendo sido perdonados y reconciliados en Cristo, perdonamos y nos reconciliamos unos con otros. De este modo somos la Iglesia y el Cuerpo de Cristo y revelamos la unidad de ese Cuerpo. Como único Cuerpo de Cristo, tenemos “un Señor, una fe, un bautismo.” Afirmamos la unidad de la Iglesia de Cristo y nos esforzamos en todo por preservarla. 
(Efesios 4:5, 3).

UN PUEBLO DE SANTIDAD

Dios, quien es santo, nos llama a una vida en santidad. Creemos que el Espíritu Santo busca hacer en nosotros una segunda obra de gracia, conocida con diversos términos incluyendo «la entera santificación» y «el bautismo con el Espíritu Santo»-purificándonos de todo pecado, renovándonos a imagen de Dios, dotándonos de poder para amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, así como producir en nosotros el carácter de Cristo. La santidad en la vida de los creyentes se entiende más claramente como la Semejanza a Cristo.

Porque somos llamados por las Escrituras y la gracia nos impulsa a adorar a Dios y a amarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, nos entregamos plena y completamente a Dios, creyendo que podemos ser «enteramente santificados,» como una segunda experiencia de conversión. Creemos que el Espíritu Santo nos convence, nos purifica, nos llena y nos da poder, mientras la gracia de Dios nos transforma día a día en un pueblo de amor, disciplina espiritual, pureza ética y moral, compasión y justicia. Es la obra del Espíritu Santo la que nos restaura a la imagen de Dios y produce en nosotros el carácter de Cristo.

Creemos en Dios el Padre, el Creador, que da origen a lo que no existe. Antes no existíamos pero Dios nos dio la vida, nos formó para sí mismo y nos creó a Su imagen. Se nos ha encomendado llevar la imagen de Dios: «Yo soy el SEÑOR . . . vuestro Dios; por eso sed santos, porque Yo soy santo»

UN PUEBLO MISIONAL

Somos un pueblo enviado, que responde al llamado de Cristo y fortalecido por el Espíritu Santo, va por todo el mundo para dar testimonio del señorío de Cristo y colaborar con Dios en la edificación de la iglesia y de la expansión de Su reino.
(Mateo 28:19-20; 2 Corintios 6:1).

Nuestra misión comienza con la adoración, ministra al mundo mediante la evangelización y la compasión, anima a los creyentes a alcanzar la madurez cristiana a través del discipulado y prepara a mujeres y hombres para el servicio cristiano mediante la educación superior cristiana.

Artículos de fe

Con el fin de preservar nuestra herencia recibida de Dios, la fe que una vez fue entregada a los santos, especialmente la doctrina y la experiencia de la entera santificación como segunda obra de gracia,
y también para cooperar eficazmente con otras ramas de la Iglesia de Jesucristo en el avance del reino de Dios, nosotros, los ministros y miembros laicos de la Iglesia del Nazareno, de conformidad con los principios de la legislación constitucional establecidos entre nosotros, por la presente ordenamos, adoptamos y establecemos como ley fundamental o Constitución de la Iglesia del Nazareno los Artículos de Fe, el Pacto de Carácter Cristiano y los Artículos de Organización y Gobierno que siguen a continuación, a saber:

Artículos de fe

Descargar Recurso

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Traducciones

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1. Creemos en un solo Dios eternamente existente e infinito, Creador y Sustentador soberano del universo; que solo Él es Dios, santo en su naturaleza, atributos y propósito. El Dios que es amor santo y luz es trino en su ser esencial, y se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

(Génesis 1; Levítico 19:2; Deuteronomio 6:4-5; Isaías 5:16; 6:1-7; 40:18-31; Mateo 3:16-17; 28:19-20; Juan 14:6-27; 1 Corintios 8:6; 2 Corintios 13:14; Gálatas 4:4-6; Efesios 2:13-18; 1 Juan 1:5;4:8)

Creemos en Jesucristo, la Segunda Persona de la Divina Trinidad; We believe in Jesus Christ, the Second Person of the Triune Godhead; que Él es eternamente uno con el Padre; que se encarnó por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María, de manera que dos naturalezas enteras y perfectas, es decir la Deidad y la humanidad, fueron unidas en una sola Persona verdadero Dios y verdadero Hombre, el Dios-Hombre.

Creemos que Jesucristo murió por nuestros pecados, y que ciertamente se levantó de entre los muertos y tomó otra vez su cuerpo, junto con todo lo perteneciente a la perfección de la naturaleza humana, con el cual ascendió al cielo y está allí intercediendo por nosotros.

(Mateo 1:20-25; 16:15-16; Lucas 1:26-35; Juan 1:1-18; Hechos 2:22-36; Romanos 8:3, 32-34; Gálatas 4:4-5; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:12-22; 1 Timoteo 6:14-16; Hebreos 1:1-5; 7:22-28; 9:24-28; 1 Juan 1:1-3; 4:2-3, 15)

Creemos en el Espíritu Santo, la tercera Persona de la Divina Trinidad, que está siempre presente y eficazmente activo en la Iglesia de Cristo y juntamente con ella, convenciendo al mundo de pecado, regenerando a los que se arrepienten y creen, santificando a los creyentes y guiando a toda verdad que está en Jesús.

(Juan 7:39; 14:15-18, 26; 16:7-15; Hechos 2:33; 15:8-9; Romanos 8:1-27; Gálatas 3:1-14; 4:6; Efesios 3:14-21; 1 Tesalonicenses 4:7-8; 2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2; 1 Juan 3:24; 4:13)

Creemos en la inspiración plenaria de las Sagradas Escrituras, por las cuales aceptamos los 66 libros del Antiguo y Nuevo Testamentos dados por inspiración divina, revelando infaliblemente la voluntad de Dios respecto a nosotros en todo lo necesario para nuestra salvación; de manera que no se debe imponer como Artículo de Fe ninguna enseñanza que no esté en ellas.

(Lucas 24:44-47; Juan 10:35; 1 Corintios 15:3-4; 2 Timoteo 3:15-17; 1 Pedro 1:10-12; 2 Pedro 1:20-21)

Creemos que el pecado entró en el mundo por la desobediencia de nuestros primeros padres; y la muerte, por el pecado. Creemos que el pecado es de dos clases: pecado original o depravación y pecado actual o personal.

Creemos que el pecado original, o depravación, es aquella corrupción de la naturaleza de toda la descendencia de Adán, razón por la cual todo ser humano está muy apartado de la justicia original o estado de pureza de nuestros primeros padres al tiempo de su creación, es adverso a Dios, no tiene vida espiritual, está inclinado al mal y esto de continuo. Además, creemos que el pecado original continúa existiendo en la nueva vida del regenerado hasta que el corazón es totalmente limpiado por el bautismo con el Espíritu Santo.

Creemos que el pecado original difiere del pecado actual, por cuanto constituye una propensión heredada al pecado actual de la que nadie es responsable, sino hasta que el remedio divinamente provisto haya sido menospreciado o rechazado.

Creemos que el pecado actual o personal es la violación voluntaria de una ley conocida de Dios cometida por una persona moralmente responsable. Por tanto, no debe ser confundido con fallas involuntarias o inevitables, debilidades, faltas, errores, fracasos u otras desviaciones de una norma de conducta perfecta, los cuales son residuos de la caída. Sin embargo, tales efectos inocentes no incluyen actitudes o respuestas contrarias al Espíritu de Cristo, las que pueden llamarse propiamente pecados del espíritu.
Creemos que el pecado personal es primordial y esencialmente una violación de la ley del amor y que, con relación a Cristo, el pecado puede definirse como incredulidad.

(Pecado original: Génesis 3; 6:5; Job 15:14; Salmos 51:5; Jeremías 17:9-10; Marcos 7:21-23; Romanos 1:18-25; 5:12-14; 7:1-8:9; 1 Corintios 3:1-4; Gálatas 5:16-25; 1 Juan 1:7-8)

(Pecado personal: Mateo 22:36-40 {con 1 Juan 3:4}; Juan 8:34-36; 16:8-9; Romanos 3:23; 6:15-23; 8:18-24; 14:23; 1 Juan 1:9-2:4; 3:7-10)

Creemos que Jesucristo por sus sufrimientos, por el derramamiento de su preciosa sangre y por su muerte en la cruz hizo una expiación plena por todo el pecado de la humanidad, y que esta expiación es la única base de la salvación y que es suficiente para todo individuo de la raza de Adán. La expiación es misericordiosamente eficaz para la salvación de aquellos incapaces de responsabilidad moral y para los niños en su inocencia; pero para los que llegan a la edad de responsabilidad es eficaz para su salvación solamente cuando se arrepienten y creen.

(Isaías 53:5-6, 11; Marcos 10:45; Lucas 24:46-48; Juan 1:29; 3:14-17; Hechos 4:10-12; Romanos 3:21-26; 4:17-25; 5:6-21; 1 Corintios 6:20; 2 Corintios 5:14-21; Gálatas 1:3-4; 3:13-14; Colosenses 1:19-23; 1 Timoteo 2:3-6; Tito 2:11-14; Hebreos 2:9; 9:11-14; 13:12; 1 Pedro 1:18- 21; 2:19-25; 1 Juan 2:1-2)

Creemos que la gracia de Dios por medio de Jesucristo se concede gratuitamente a todas las personas, capacitando a todos los que quieran, para volverse del pecado a la justicia, creer en Jesucristo, recibir perdón y limpieza del pecado, y seguir las buenas obras agradables y aceptables ante Él. Creemos también que la creación de la raza humana a la imagen de Dios incluyó la capacidad de decidir entre el bien y el mal y que, por tanto, los seres humanos fueron hechos moralmente responsables; que a través de la caída de Adán ellos se depravaron, de tal modo que ahora por ellos mismos, y por propia capacidad natural y obras, no pueden volverse a la fe e invocar a Dios.

(Semejanza Divina y responsabilidad moral: Génesis 1:26-27; 2:16-17; Deuteronomio 28:1-2; 30:19; Josué 24:15; Salmos 8:3-5; Isaías 1:8-10; Jeremías 31:29-30; Ezequiel 18:1-4; Miqueas 6:8; Romanos 1:19-20; 2:1-16; 14:7-12; Gálatas 6:7-8)

(Incapacidad natural: Job 14:4; 15:14; Salmos 14:1-4; 51:5; Juan 3:6a; Romanos 3:10-12; 5:12-14, 20a; 7:14-25)

(Don de gracia y obras de fe: Ezequiel 18:25-26; Juan 1:12-13; 3:6b; Hechos 5:31; Romanos 5:6-8, 18; 6:15-16, 23; 10:6-8; 11:22; 1 Corintios 2:9-14;10:1-12; 2 Corintios 5:18-19; Gálatas 5:6; Efesios 2:8-10; Filipenses 2:12-13; Colosenses 1:21-23; 2 Timoteo 4:10a; Tito 2:11-14; Hebreos 2:1-3; 3:12-15; 6:4-6; 10:26-31; Santiago 2:18-22; 2 Pedro 1:10-11; 2:20-22

Creemos que el Espíritu de Dios da a todos los que se arrepienten la ayuda bondadosa de la contrición de corazón y la esperanza de misericordia para que puedan creer; a fin de recibir perdón y vida espiritual. El arrepentimiento, que es un cambio sincero y completo de la mente respecto al pecado, involucra el reconocimiento de culpa personal y la separación voluntaria del pecado; se exige de todos los que por acción o propósito pecan contra Dios.

Creemos que todas las personas pueden caer de la gracia y apostatar; y, a menos que se arrepientan de sus pecados, se perderán eternamente sin esperanza. Creemos que los regenerados no necesitan volver al pecado; sino que podrán vivir en comunión inquebrantable con Dios a través del poder y la presencia del Espíritu Santo, quien testifica a su espíritu que son hijos de Dios.

(2 Crónicas 7:14; Salmos 32:5-6; 51:1-17; Isaías 55:6-7; Jeremías 3:12-14; Ezequiel 18:30-32; 33:14-16; Marcos 1:14-15; Lucas 3:1-14; 13:1-5; 18:9-14; Hechos 2:38; 3:19; 5:31; 17:30-31; 26:16-18; Romanos 2:4; 2 Corintios 7:8-11; 1 Tesalonicenses 1:9; 2 Pedro 3:9)

Creemos que la justificación es aquel acto benigno y judicial de Dios, por el cual Él concede pleno perdón de toda culpa, la remisión completa de la pena por los pecados cometidos, y la aceptación como justos de los que creen en Jesucristo y lo reciben como Salvador y Señor.

Creemos que la regeneración, o nuevo nacimiento, es aquella obra de gracia de Dios, por la cual la naturaleza moral del creyente arrepentido es vivificada espiritualmente y recibe una vida distintivamente espiritual, capaz de experimentar fe, amor y obediencia.

Creemos que la adopción es aquel acto benigno de Dios, por el cual el creyente justificado y regenerado se constituye en hijo de Dios.

Creemos que la justificación, la regeneración y la adopción de los que buscan a Dios son experiencias simultáneas recibidas por fe, precedidas por el arrepentimiento; y el Espíritu Santo da testimonio de estas obras y estado de gracia.

(Lucas 18:14; Juan 1:12-13; 3:3-8; 5:24; Hechos 13:39; Romanos 1:17; 3:21-26, 28; 4:5-9, 17-25; 5:1, 16-19; 6:4; 7:6; 8:1, 15-17; 1 Corintios 1:30; 6:11; 2 Corintios 5:17-21; Gálatas 2:16-21; 3:1-14, 26; 4:4-7; Efesios 1:6-7; 2:1, 4-5; Filipenses 3:3-9; Colosenses 2:13; Tito 3:4-7; 1 Pedro 1:23; 1 Juan 1:9; 3:1-2, 9; 4:7; 5:1, 9-13, 18)

Creemos que la santificación es la obra de Dios por medio de la cual transforma a los creyentes a la semejanza de Cristo. Esta es efectuada mediante la gracia de Dios por el Espíritu Santo en la santificación inicial, o regeneración (simultánea a la justificación), la entera santificación y la obra continua de perfeccionamiento del creyente por el Espíritu Santo, culminando en la glorificación, en la cual somos completamente conformados a la imagen del Hijo.

Creemos que la entera santificación es el acto de Dios, subsecuente a la regeneración, por el cual los creyentes son hechos libres del pecado original o depravación, y son llevados a un estado de entera devoción a Dios y a la santa obediencia de amor hecho perfecto.

Es efectuada por la llenura o el bautismo con el Espíritu Santo; y, en una sola experiencia, incluye la limpieza de pecado del corazón y la morada permanente y continua del Espíritu Santo, capacitando al creyente para la vida y el servicio. La entera santificación es provista por la sangre de Jesús, efectuada instantáneamente por la gracia mediante la fe y precedida por la entera consagración. El Espíritu Santo da testimonio de esta obra y estado de gracia.

Esta experiencia se conoce también con varios nombres que representan sus diferentes fases, tales como “la perfección cristiana”, “el amor perfecto”, “la pureza de corazón”, “la llenura o el bautismo con el Espíritu Santo”, “la plenitud de la bendición” y “la santidad cristiana”.

10.1. Creemos que hay una clara distinción entre el corazón puro y el carácter maduro. El primero se obtiene instantáneamente como resultado de la entera santificación; el segundo es resultado del crecimiento en la gracia.

Creemos que la gracia de la entera santificación incluye el impulso divino para crecer en gracia como discípulo semejante a Cristo. Sin embargo, este impulso se debe cultivar conscientemente, y se debe dar atención cuidadosa a los requisitos y procesos del desarrollo espiritual y mejoramiento de carácter y personalidad en semejanza a Cristo. Sin ese esfuerzo con tal propósito, el testimonio de uno puede debilitarse, y la gracia puede entorpecerse y finalmente perderse.

Al participar en los medios de gracia, especialmente en la comunión cristiana, en las disciplinas espirituales y en los sacramentos de la iglesia, los creyentes crecen en gracia y en amor sincero para con Dios y con el prójimo.

(Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:25-27; Malaquías 3:2-3; Mateo 3:11-12; Lucas 3:16-17; Juan 7:37-39; 14:15-23; 17:6-20; Hechos 1:5; 2:1-4; 15:8-9; Romanos 6:11-13, 19; 8:1-4, 8-14; 12:1-2; 2 Corintios 6:14-7:1; Gálatas 2:20; 5:16-25; Efesios 3:14-21; 5:17-18, 25-27; Filipenses 3:10-15; Colosenses 3:1-17; 1 Tesalonicenses 5:23-24; Hebreos 4:9-11; 10:10-17; 12:1-2; 13:12; 1 Juan 1:7, 9)

(“Perfección cristiana,” “amor perfecto”: Deuteronomio 30:6; Mateo 5:43-48; 22:37-40; Romanos 12:9-21; 13:8-10; 1 Corintios 13; Filipenses 3:10-15; Hebreos 6:1; 1 Juan 4:17-18

“Pureza de corazón”: Mateo 5:8; Hechos 15:8-9; 1 Pedro 1:22; 1 Juan 3:3

“La llenura o el bautismo con el Espíritu Santo”: Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:25-27; Malaquías 3:2-3; Mateo 3:11-12; Lucas 3:16-17; Hechos 1:5; 2:1-4; 15:8-9

“Plenitud de la bendición”: Romanos 15:29 “Santidad cristiana”: Mateo 5:1-7:29; Juan 15:1-11; Romanos 12:1-15:3; 2 Corintios 7:1; Efesios 4:17-5:20; Filipenses 1:9-11; 3:12-15; Colosenses 2:20-3:17; 1 Tesalonicenses 3:13; 4:7-8; 5:23; 2 Timoteo 2:19-22; Hebreos 10:19-25; 12:14; 13:20-21; 1 Pedro 1:15-16; 2 Pedro 1:1-11; 3:18; Judas 20-21)

Creemos en la iglesia, la comunidad que confiesa a Jesucristo como Señor, el pueblo del pacto de Dios renovado en Cristo, el cuerpo de Cristo llamado a ser uno por el Espíritu Santo mediante la Palabra.

Dios llama a la iglesia a expresar su vida en la unidad y la comunión del Espíritu; en adoración por medio de la predicación de la Palabra de Dios, en la observancia de los sacramentos y el ministerio en su nombre; en la obediencia a Cristo, la vida santa y la mutua rendición de cuentas.

La misión de la iglesia en el mundo es compartir la obra redentora y el ministerio reconciliador de Cristo en el poder del Espíritu. La iglesia cumple su misión haciendo discípulos mediante el evangelismo, la educación, mostrando compasión, trabajando por la justicia y dando testimonio del reino de Dios.

La iglesia es una realidad histórica que se organiza en formas culturalmente adaptadas; existe tanto como congregaciones locales y como cuerpo universal; aparta a personas llamadas por Dios para ministerios específicos. Dios llama a la iglesia a vivir bajo su gobierno en anticipación de la consumación en la venida de nuestro Señor Jesucristo.

(Éxodo 19:3; Jeremías 31:33; Mateo 8:11; 10:7; 16:13-19, 24; 18:15-20; 28:19-20; Juan 17:14-26; 20:21-23; Hechos 1:7-8; 2:32-47; 6:1-2; 13:1; 14:23; Romanos 2:28-29; 4:16; 10:9-15; 11:13-32; 12:1-8; 15:1-3; 1 Corintios 3:5-9; 7:17; 11:1, 17-33; 12:3, 12-31; 14:26-40; 2 Corintios 5:11-6:1; Gálatas 5:6, 13-14; 6:1-5, 15; Efesios 4:1-17; 5:25-27; Filipenses 2:1-16; 1 Tesalonicenses 4:1-12; 1 Timoteo 4:13; Hebreos 10:19-25; 1 Pedro 1:1-2, 13; 2:4-12, 21; 4:1-2, 10-11; 1 Juan 4:17; Judas 24; Apocalipsis 5:9-10)

Creemos que el Bautismo cristiano, ordenado por nuestro Señor, es un sacramento que significa la aceptación de los beneficios de la expiación e incorporación en el cuerpo de Cristo. El Bautismo es un medio de gracia que proclama la fe en Jesucristo como Salvador. Debe ser administrado a los creyentes que indican su disposición total de obediencia en santidad y justicia. Como participantes en el Nuevo Pacto, los niños y los moralmente inocentes podrán ser bautizados por petición de sus padres o tutores. La iglesia se asegurará de ofrecer instrucción cristiana. El Bautismo puede ser administrado por aspersión, afusión o inmersión.

(Mateo 3:1-7; 28:16-20; Hechos 2:37-41; 8:35-39; 10:44-48; 16:29-34; 19:1-6; Romanos 6:3-4; Gálatas 3:26-28; Colosenses 2:12; 1 Pedro 3:18-22)

Creemos que la Santa Cena instituida por nuestro Señor y Salvador Jesucristo es un sacramento que proclama su vida, sufrimientos, muerte sacrificial, resurrección y la esperanza de su Segunda Venida. La Santa Cena es un medio de gracia en el cual Cristo está presente por el Espíritu. Todos están invitados a participar por la fe en Cristo y ser renovados en vida, salvación y unidad como iglesia. Todos deben participar con aprecio reverente de su significado; y, por este medio, testificar de la muerte del Señor hasta que Él vuelva. Todos los que tienen fe en Cristo y amor por los santos están invitados por Él a participar tan frecuentemente como sea posible.

(Éxodo 12:1-14; Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:17-20; Juan 6:28-58; 1 Corintios 10:14-21; 11:23-32)

Creemos en la doctrina bíblica de la sanidad divina e instamos a nuestro pueblo a ofrecer la oportunidad de hacer la oración de fe para la sanidad de los enfermos. Creemos también que Dios sana a través de la ciencia médica.

(2 Reyes 5:1-19; Salmos 103:1-5; Mateo 4:23-24; 9:18-35; Juan 4:46-54; Hechos 5:12-16; 9:32-42; 14:8-15; 1 Corintios 12:4-11; 2 Corintios 12:7-10; Santiago 5:13-16)

Creemos que al final de los tiempos el Señor Jesucristo se revelará como Señor de todo. Vendrá otra vez en gloria y poder para establecer plenamente el reino de Dios que proclamó e inició en su vida y ministerio. Así como el Dios trino creó primero el cielo y la tierra, Dios los renovará en la nueva creación, donde morará eternamente con su pueblo redimido. Los que vivamos en el momento de Su venida no precederemos a los que durmieron en Cristo Jesús; mas si hemos permanecido en Él, seremos arrebatados con los santos resucitados para reunirnos con el Señor en el aire, y estaremos siempre con Él. En ese día, Dios, quien en la cruz triunfó sobre todos los poderes malignos, completará sus amorosos propósitos para la creación. No habrá más sufrimiento, injusticia ni muerte, y Dios enjugará toda lágrima.

(Deuteronomio 10:17; Isaías 11:1-9; 65:17-25; 66:22-23; Mateo 6:9-13, 24; 25:31-46; 28:18; Lucas 4:18-21; Juan 14:1-3; Hechos 1:9-11; 3:21; Romanos 8:18-22; 1 Corintios 13:12-13; 15:24-25; 28; 2 Corintios 5:17; Filipenses 1:6; 2:5-11; 3:20-21; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Tito 2:11-14; Hebreos 9:26-28; 2 Pedro 3:3-15; Apocalipsis 1:7-8; 12:10-12; 21:1-8; 22:7-20)

Creemos en la resurrección de los muertos, que los cuerpos tanto de los justos como de los injustos serán resucitados y unidos con sus espíritus, — “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

Creemos en el juicio futuro en el cual toda persona comparecerá ante Dios para ser juzgada según sus hechos en esta vida.

Creemos que a los que son salvos por creer en Jesucristo nuestro Señor y le siguen en obediencia se les asegura la vida gloriosa y eterna; y que los que permanezcan impenitentes hasta el fin, sufrirán eternamente en el infierno.

(Génesis 18:25; 1 Samuel 2:10; Salmos 50:6; Isaías 26:19; Daniel 12:2-3; Mateo 25:31-46; Marcos 9:43-48; Lucas 16:19-31; 20:27-38; Juan 3:16-18; 5:25-29; 11:21-27; Hechos 17:30-31; Romanos 2:1-16; 14:7-12; 1 Corintios 15:12-58; 2 Corintios 5:10; 2 Tesalonicenses 1:5-10; Apocalipsis 20:11-15; 22:1-15)

(1) Las referencias bíblicas respaldan los Artículos de Fe y se incluyeron aquí a partir de la decisión de la Asamblea General de 1976. No deben considerarse parte del texto constitucional.

Párrafos 1-16.2 del Manual 2023