Esta es la historia de Eman*, una nazarena en el norte de Israel que cuida a víctimas de violencia doméstica y lleva la luz de Dios a situaciones de oscuridad.
Eman recorrió con la mirada la habitación pequeña y sencilla. En menos de una hora, la mujer con la que había hablado por teléfono sería trasladada desde la comisaría hasta su lugar de trabajo, un centro de atención de emergencia para víctimas de violencia doméstica. Alisó las sábanas recién lavadas, colocó el cepillo de dientes en el baño y respiró profundamente.
Mientras ultimaba los detalles para recibir a la huésped, oró: «Señor Dios, llena de tu paz a esta mujer que está por llegar. Oh, Dios, acompáñala».
Eman, de 26 años, vive en el norte de Israel y es una cristiana árabe, perteneciente a una minoría étnica y religiosa del país. Comenzó a trabajar en el centro de atención de emergencia contra víctimas de violencia doméstica hace cuatro (4) años.
«Es un momento muy difícil para ellas; toda su vida está cambiando», expresó Eman.
Personas con diferentes orígenes religiosos y étnicos buscan ayuda en el centro, la mayoría de ellas mujeres que intentan alejarse de entornos familiares abusivos. Aunque las camas del refugio no siempre están ocupadas, el teléfono no deja de sonar con llamadas de personas que atraviesan situaciones de crisis. El centro cuenta con medidas de seguridad y dispone de una sala destinada a los investigadores policiales, a quienes las mujeres pueden acudir si necesitan hacer consultas o recibir orientación. Los investigadores policiales se desplazan por el centro sin uniforme, mientras que las orientadoras, como Eman, reciben una capacitación rigurosa y son cuidadosamente seleccionadas para desempeñar esta labor.
«Realmente, fue como un plan del Señor [la manera en que conseguí este trabajo]», expresó Eman.
Cuando llegó el día de la entrevista de trabajo, ella recuerda que estaba más nerviosa de lo habitual, porque «la entrevista era en hebreo y no domino muy bien ese idioma».
Sin embargo, casi milagrosamente, logró realizar la entrevista y sintió que podía expresarse con fluidez. Eman sabía que el Señor la había ayudado y había escuchado sus oraciones. Aún hoy, el Señor continúa ayudándola, y ahora habla hebreo con fluidez.
En el centro, la belleza y el dolor conviven. Cuando las residentes salen de sus habitaciones, las colaboradoras como Eman conversan y preparan alimentos junto a ellas. A veces, las residentes están acompañadas de sus hijos y todos juegan juntos. En otras ocasiones, Eman simplemente levanta las manos en dirección a la habitación donde se encuentran y ora por ellas.
«Realmente, siento que tengo mucho amor dentro de mí y quiero compartirlo con los demás para que se sientan seguros y amados», expresó Eman.
Recordó una conversación con una mujer de otra tradición religiosa que había llamado desde la comisaría. Todos se habían negado a darle alojamiento y, en medio de su necesidad, ella clamó al Señor.
«Dios, por favor, ayúdame si quieres que salga de mi casa», había orado. «Haz que este centro de emergencia me acepte y que pueda ir allí».
La mujer llamó y Eman respondió. Su jefe rápidamente dio su aprobación. Después de conocer la decisión, la mujer estaba muy feliz. Llegó al centro y dio el siguiente paso en su proceso de sanación.
En una ocasión, Dios habló a través de Eman a una mujer que atravesaba una situación de crisis. La mujer había atravesado numerosas experiencias traumáticas y estaba reviviendo sus propias acciones.
«Recuerdo que estaba muy angustiada y pude sentir la vergüenza que ella experimentaba», dijo Eman. «Era realmente pesado».
Eman le recordó a la mujer que todos hemos cometido errores y hemos pecado. Le dijo a la mujer: «No eres una vergüenza para tu familia».
La mujer se sintió visiblemente aliviada; y Eman sintió que, con la ayuda del Señor, había encontrado las palabras adecuadas en el momento preciso.
En un mundo donde expresar o hablar de la fe puede ser peligroso, incluso en Tierra Santa, existen ejemplos de personas como Eman, que escuchan atentamente la voz del buen Pastor y siguen su guía. Ella es sal y luz en un mundo que parece estar lleno de violencia y división.
Iglesia del Nazareno Región Eurasia.
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