¡Silencio! ¡Escuche! 

Salmos 37:1-11

Cansado y atemorizado, el profeta Elías esperó para escuchar al Señor (vea 1 Reyes 18-19). Él había huido porque se encontró en medio de una situación de vida o muerte. Él esperaba una voz dramática­ – había visto fuego caer del cielo y visto como un diluvio se desató después de una sequía. Todo esto eran señales del Poder que habló por medio de él.

A medida que esperaba, una terrible tormenta de truenos y relámpagos azotó el lugar donde se encontraba. Esto fue seguido por un terremoto que estremeció la cueva donde se había refugiado. Luego vino un fuego y se extinguió. Él esperó escuchar la voz de Dios en medio del ruido y de la confusión, pero solo hubo ruido y confusión. En la calma que le siguió, el silencio apacible, Dios le habló a Elías una vez más.

Está vez, el no confrontaría al rey o a los enemigos de Dios; él no clamaría para que descendiera fuego del cielo. Está vez el descansaría, comería y se prepararía para un viaje que sería su último en la tierra.

Hay un tiempo para enfrentar el mal cara a cara; hay un tiempo para estar quietos y ver la salvación del Señor. Solo escuchando la voz del Señor sabremos cual es cual. 

Autora: Hollie Ruthberg 

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