Una iniciativa en contra de la trata de personas ofrece esperanza en Moldavia

Moldova

El trabajo en el barrio rojo de Moldavia es pesado, desafiante y, a veces, desgarrador. Gracias al trabajo que realiza un grupo de nazarenos que se dedica a la lucha en contra de la trata de personas el amor de Dios ha transformado a mujeres y familias de formas que nunca hubeiran podido experimentar por sí solas.  

Este ministerio incluye un equipo de intervención y una clínica médica móvil para ofrecer asesoramiento, oración, pruebas de VIH/SIDA y otros servicios médicos gratuitos. El equipo ha trabajado con muchas personas a lo largo de los años con el propósito de ofrecer sanidad y proporcionar recursos profesionales a las víctimas de la trata de personas. Una de esas víctimas era una madre soltera llamada Allison* que perdió a sus hijos debido a sus problemas de salud y su situación financiera.

Hace aproximadamente dos años, Allison asistió a un ministerio en un club de café que se reúne todos los miércoles por la noche. Mientras el grupo hablaba sobre las relaciones saludables, Allison esperó pacientemente a que terminara el estudio.

"Después, Allison y nuestro equipo se reunieron con un traductor especializado en consejería de trauma quien ha trabajado en el pasado con víctimas de la trata de personas de Moldavia", dijo Becky Sukanen, misionera en Moldavia. “Allison dijo que había decidido visitar nuestra clínica de intervención de tráfico de personas después de conocernos por medio del ministerio que realizamos en las calles. Quería saber si podríamos incluirla en nuestro programa. Escuchamos su dolorosa historia, compartida en medio de sollozos".

Hace diez años, Allison era joven y quedó embarazada de su primer hijo varón. Dos años más tarde, ella y su esposo tuvieron un segundo hijo –una niña–. Cuando su hija tenía solamente 2 años, su marido la abandonó. El estrés de ser madre soltera le afectó tanto a Allison que comenzó a tener convulsiones y los médicos le diagnosticaron epilepsia.  

Los ataques que sufría causaron que perdiera su trabajo de mesera. Cuando se acercó a su madre en busca de apoyo financiero, su madre comenzó a venderse en las calles de Moldavia. Esta era la única forma en que podía ganarse el sustento para suplir sus propias necesidades, las de su hija y sus nietos. Ver a su madre reducida a tal desesperación solo intensificó el estrés de Allison tornando su cabello completamente gris, aunque apenas tenía unos 20 años.

Al no poder ver ninguna otra opción, Allison también comenzó a trabajar en la calle por dinero. Lo odiaba tanto que dejó de hacerlo, así que se mudaron a vivir en un bosque por un tiempo. Durante ese tiempo, decidió que sus hijos estarían mejor en un orfanato estatal, una institución a la que temía pero que parecía ser la mejor opción disponible.  

Un día, mientras Allison visitaba a una trabajadora social sufrió un ataque epiléptico. Este episodio causó que se aprobara la adopción de sus hijos afuera de Moldavia. 

Esta situación dejó a Allison una mujer sin hijos, quebrantada, traumatizada y sola, con una condición médica que no la dejaba trabajar. Sin opciones claras, tuvo que recurrir nuevamente a la explotación sexual como último recurso. A pesar de su desconfianza, ella se aferró a la esperanza que el ministerio local en contra de la trata de personas le ofreció. 

Recientemente, los miembros del equipo pudieron localizar a sus hijos. Aunque no podrán reunirse, tuvo la oportunidad de ver fotos de ellos, y de cómo se encuentran seguros viviendo juntos con una familia de Suiza. Cuando vio las fotos, lloró de felicidad al ver que estaban seguros. 

Después de trabajar con ella por cuatro meses, Allison se acercó al equipo y con resistencia admitió que no había tenido su período por tres meses. Estaba embarazada y aterrorizada.  El personal la escuchó y la consoló. 

Incapaz de siquiera imaginar la pérdida de otro niño al ponerlo en adopción, Allison decidió quedarse con su bebé y el equipo de intervención la acompañó durante el embarazo. Ahora tiene un bebé sano llamado Igor*. 

El equipo organizó un baby shower, y la iglesia a donde asisten los miembros del equipo donó fórmula, ropa, juguetes y pañales para que los usara hasta que comenzara a recibir ayuda del gobierno.  
Tiempo después, Allison se vio con necesidades financieras. El equipo le preguntó si tenía algún oficio, y les contó que sabía coser a mano. Compraron una máquina de coser con dinero de Living Word Church of the Nazarene en Houston, Texas, y ella comenzó a coser. La intención era que Allison tuviera una fuente de empleo sostenible, así que le ofrecieron darle la máquina de coser a cambio de 36 almohadas o fundas de almohada.

"Hemos visto un cambio notable en Allison, ya que antes culpaba a Dios por todo", dijo Sukanen. "Ahora ella es responsable de sus propias decisiones y está aprendiendo y poniendo en práctica nuevas técnicas de costura". 

Aunque a Allison aún le queda un largo recorrido en su sanidad y recuperación, ella ya ha hecho un gran avance en comparación de cuando el equipo la conoció. Ella obtiene ganancias vendiendo fundas de almohada y otras artesanías, y ha completado 20 de las 36 almohadas para pagar la máquina de coser. 

"Saber que nuestro ministerio ha ayudado a Allison, a su bebé y a muchos otros a encontrar un nuevo futuro nos alienta y nos recuerda que lo que hacemos en el nombre de Cristo hace una diferencia", dijo Sukanen.

*Nombres ficticios para proteger la privacidad.

--NCN News submissions

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