Mujeres en Monrovia se ayudan entre sí para tener un mejor futuro

Monrovia, Liberia

En las instalaciones de una iglesia en el corazón de Monrovia, Liberia, un grupo pequeño de mujeres se reunió durante el transcurso de varios días para hablar sobre la esperanza que tenían para ellas y para las demás mujeres de su vecindario. La frase que repetían una y otra vez era "llegar a ser alguien". Querían tener la oportunidad de llegar a ser alguien e imaginaban un futuro en el que otras mujeres, en particular aquellas que eran más vulnerables y vivían en medio de la pobreza, también tuvieran la misma oportunidad. Ellas creían que las iglesias locales debían tomar la iniciativa en este esfuerzo.

Sus sueños se han convertido en el proyecto Empowering Women with Dignity (Mujeres Empoderadas con Dignidad), el cual tiene un enfoque en la formación profesional. Por medio del proyecto, están trabajando para que las mujeres vulnerables sean equipadas con habilidades que les permitan mantener a sus familias, experimentar dignidad y confianza, y vivir como contribuyentes valoradas y respetadas dentro de sus familias y comunidades.

La motivación de una madre
"Quiero una vida mejor", dijo Marie, una mujer de Monrovia. "No cuento con educación. Quiero que mis hijos salgan adelante".

Marie, de 44 años, está aprendiendo a coser ropa en una clase de costura a la que asiste en la Iglesia del Nazareno Grace Chapel, ubicada en New Kru Town. La vida de Marie, y la de la mayoría de las personas en este denso vecindario urbano, han estado marcadas por la pobreza.

"Nunca fui a la escuela", dijo Marie. "En mi niñez, trabajaba para mi tía".

Cuando era una niña, la madre de Marie la envió a vivir con su familia extendida. La expectativa era que la tía enviaría a Marie a la escuela. Pero en realidad, ella trataba a su sobrina como a una esclava. 

"Ella me trató muy mal", dijo Marie. "Nunca he tenido descanso. Desde muy temprano, trabajaba, trabajaba y trabajaba. A los 7 años, mi tía me mandaba al mercado a vender".

A los 15 años, Marie se escapó y encontró a su madre. Su madre quería enviarla de regreso a la escuela, pero luego estalló la guerra civil y esos planes se esfumaron. Marie se convirtió en madre a los 19 años.

Hoy tiene cinco hijas, cuatro de ellas están entre los 7 a los 19 años, pero solo dos pueden vivir con ella. Las demás viven con un tío que tienen los medios para cubrir los gastos escolares y darles la oportunidad de recibir educación.

"Estoy muy triste de no poder ver a mis hijas", dijo Marie. "Quiero tenerlas a mi lado".

El objetivo de Marie es comenzar una tienda de sastrería para poder satisfacer las necesidades básicas de sus hijas y también asegurarse de que terminen la escuela para que tengan oportunidades de éxito en el futuro.

"Si Dios me bendice y tengo un negocio, puedo ocuparme de ellas", dijo Marie.

Louise, de 40 años, se inscribió en una clase de sastrería en Grace Chapel por razones similares. En su hogar en New Kru Town, ella y su esposo cuidan a seis niños, de 5 a 13 años, incluidos tres que son hijos de familiares. Su esposo trabaja duro como profesor de matemáticas, pero no pueden pagar las necesidades de los niños con su salario de maestro.

Louise tiene lo que ella llama "un negocio pequeño" que vende carbón, pero sus habilidades de adaptación le permitió comenzar un negocio más rentable y sostenible.
 "Puedo pagar la matriculación, la ropa, la comida y el refugio de mis hijos", dijo Louise. "Es difícil ahora porque no estoy ganando mucho dinero".

La esperanza que tiene para los niños que están a su cargo es verlos mejor y con mejor educación.

"Quiero que sean autosuficientes", dijo Marie. "Quiero un futuro mejor para mi familia".

Louise señala que la mayoría de las mujeres en su vecindario quieren que sus hijos tengan un futuro, pero no tienen una manera de hacerlo.

Compartir el conocimiento
Las mujeres de las Iglesias del Nazareno en Monrovia se han unido para equipar a otras mujeres para crear un mejor futuro para ellas y sus familias a través del proyecto Empowering Women with Dignity (Mujeres Empoderadas con Dignidad). Tres iglesias sirven como centros de cursos vocacionales, grupos de ahorro y talleres de habilidades para la vida. Además de la sastrería, las mujeres vienen a aprender sobre preparación de banquetes, fabricación de jabón y diseño de telas.

Cuando Mamie, de 50 años, enviudó, la dejaron cuidando a tres niños en edad escolar, de 12 a 16 años, y a otros miembros de la familia. Viéndose en la necesidad de satisfacer sus necesidades, se inscribió en una clase de preparación de banquetes.

Después de completar el curso, un funcionario del gobierno de Liberia le ofreció a Mamie un trabajo para brindar servicios de banquetes para los trabajadores de su granja durante nueve meses. Estos ingresos le permitieron poner comida en la mesa familiar y también le dieron la oportunidad de mandar a sus hijos a la escuela.

Sin embargo, Mamie no estaba satisfecha con cuidar solamente de su propia familia. Ella estaba decidida a usar su conocimiento con el propósito de ayudar a otras mujeres. En su pequeña comunidad en las afueras de Monrovia, muchas familias viven en extrema pobreza. Mamie vio que hornear podría ser una forma de ayudarlas a ganar algo de dinero, así que comenzó su propia clase con 20 mujeres.

"Muchas personas no tienen dinero para alimentar a sus hijos", dijo Mamie.

Mientras que las clases de preparación de banquetes en los centros de la iglesia tienen la ventaja de contar con hornos grandes y una gran cantidad de utensilios de cocina, las mujeres en la clase de Mamie usan lo que tienen en casa. Hornean cubriendo las estufas que tienen afuera de sus casas con trozos de láminas de techo galvanizadas, y revuelven la masa con botellas de vidrio.

Aunque el equipo es simple, las mujeres de la clase han podido vender sus productos horneados para mantener a sus familias. El grupo se ha dedicado a vender pan de maíz, rosquillas y galletas en su comunidad.

Con el ingreso que han percibido, las mujeres han podido cubrir el costo de las cuotas escolares de sus hijos.

"Nos reunimos para hacer algo para nosotras mismas", dijo una de las alumnas de Mamie. “Cuando aprendamos, podremos hacer negocios por nosotras mismas. Me siento orgullosa. Me llegó un poco de felicidad".

El esposo de Mamie fue pastor, y ella ve esta clase como una extensión del ministerio que comenzaron juntos.

"A Dios le importa esto", dijo Mamie. "Oro para que la comunidad sea transformada".

--Republicado con permiso de la edición Winter 2018 de NCM Magazine

Para leer más historias de compasión, visite ncm.org para suscribirse a NCM Magazine y recibir futuros números a medida que se publiquen.

 

Posted in: