Miembro de la Iglesia en Cabo Verde, quien falleció a los 112 años de edad es recordada por su dedicación y hospitalidad

Cabo Verde, Africa

María Veiga Amado Nhanha, miembro de la Iglesia del Nazareno, o Nhanha, para abreviar, falleció el 5 de mayo a la edad de 112 años. Nació el 9 de octubre de 1905 en las afueras de la ciudad de São Filipe, Fogo, una isla en Cabo Verde (anteriormente conocida internacionalmente como Cabo Verde).

Considerada como una de las mejores trabajadoras con la niñez en su comunidad, Nhanha tenía un don para amar a los niños. Nhanha aceptó a Cristo a una edad avanzada, y no pasó mucho tiempo para que su pastor le pidiera ayuda en el área de niños en una Iglesia del Nazareno local.

El Superintendente General Eugénio R. Duarte, un nativo de Cabo Verde, fue testigo del amor de Nhanha de primera mano. Su esposa, Maria Amelia, es la sobrina de Nhanha.

"Incluso hoy en día, [los hijos del pastor] hablan de ella con gratitud por la forma en que ella influyó en sus vidas", expresó Duarte. "Ella se hizo cargo de ellos como si fuera una segunda madre para ellos".

El ministerio de niños era una de las muchas pasiones de Nhanha. Ella "tenía el don de la hospitalidad", una "ministra para los pastores" y amaba la escuela dominical "como nadie más lo hacía".

"Tenía un don de hospitalidad como muy pocos que haya conocido", expresó Duarte. "La ciudad cerca de donde ella vivía, São Filipe, era un lugar donde la gente viajaba por negocios, y donde transitaban para ir a las otras islas. Los pastores nazarenos que pasaban o que se quedaban en São Filipe cuentan que ella era una anfitriona maravillosa. Nos ministraba como pastores de una manera única al proveernos comida, un lugar para quedarnos y un tipo de cuidado que impactó a tantos pastores".

Ya sea a través del contacto personal o por iniciativas de la iglesia, la pasión de Nhanha por servir a la iglesia fue notable. Ella siempre invitaba a las personas a la iglesia, particularmente a la Escuela Dominical, y para aquellos que no podían venir, Nhanha de alguna u otra manera les ofrecía una manera de servir.

"Cuando las personas no querían ir con ella o no podían ir a la Escuela Dominical, a su modo, ella les decía 'está bien si no quieres ir, lo entiendo, pero puedes contribuir al ministerio de la Escuela Dominical enviando una ofrenda para ser depositada en el plato de ofrendas de la Escuela Dominical '", expresó Duarte. "Nadie se negaba a hacer eso, y así fue como recaudó fondos para la Escuela Dominical porque creía en ello". 

La Escuela Dominical no era el único ministerio en el que ella participaba. De hecho, no había un servicio en su iglesia en el que no estuviera involucrada.

"No había ningún servicio de la iglesia al que no asistiera", dijo Duarte. "Incluso como persona mayor asistía al servicio juvenil; ella fue muy fiel a la iglesia y a Dios".

Nhanha impactó a muchos a través de su amor y bondad.

"[Nhanha] influyó a todos los que vivían en su vecindad "expresó Duarte. "Tanto que la gente visitaba su casa tan solo para disfrutar de su compañía". Era una persona muy amable, alguien muy amigable. No solo con las personas de la iglesia, sino que con las personas de afuera de la iglesia".

En medio de todas sus buenas obras y años de servicio, Nhanha era conocida por su humildad en toda su comunidad.

"La gente de la ciudad la conocía como una persona íntegra y de buen carácter", expresó Duarte. "Ella siempre le dio crédito a Jesús, no porque fuera capaz de hacer grandes cosas, sino por lo que Jesús significaba para ella y lo que Jesús hizo por ella".

Nhanha fue precedida por el fallecimiento de su esposo y le sobreviven seis hijos, 23 nietos, 63 bisnietos y 33 tataranietos.

 

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